|

Daño colateral Por Jesús R. Cedillo Publicado Julio 26, 2010
En un viejo texto, el pensador Hans Magnus Enzesberger afirmaba que fue en el lenguaje de Adolfo Hitler, sus palabras y sus discursos, donde encontró y descubrió el germen de la barbarie y el genocidio que se estaba gestando en la Alemania nazi. Fue en su lenguaje y palabras y ya luego en sus hechos, donde se manifestó la violencia, fiereza y bestialidad de un dictador que ha pasado a la historia como el más abominable ser humano jamás parido. La historia de la humanidad entonces y siguiendo a Enzesberger, se puede delinear y entender a través de los discursos, lenguaje y palabras de los principales protagonistas de la historia. Las parábolas y enseñanzas de Jesucristo, junto a otro ágrafo, como Sócrates y sus diálogos filosóficos. El lenguaje de poder de Alejandro Magno, junto a las arengas de Napoleón. Los vicios y yerros en el lenguaje nunca comprometedor de los priistas, hasta llegar al lenguaje belicoso, militar y eufemístico en ratos, de los panistas encimados en el poder federal. Cuando se acuñó por primera vez el término “daño colateral” fue en la infausta guerra de Vietnam, la cual pelearon los norteamericanos en dos trincheras: en los pantanos y arrozales vietnamitas y en los medios de comunicación de todo el mundo, pero principalmente en los de su vecindario. Las refriegas eran cosa cotidiana y en este marco endiablado de humo, lluvias torrenciales e interminables, neblina perpetua y guerrilleros vietnamitas que salían de la nada, se causaba “daño no intencional”, lo mismo a fuerzas neutrales que a fuerzas amigas o afines. En la guerra de Irak, Afganistán e Irán surgió una variante más del “daño colateral”: el llamado “fuego amigo”. En la “guerra” que le declaró el presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, a los cárteles de la droga y a las bandas del crimen organizado (guerra unilateral, dolorosa, brutal y a juicio de su equipo de gobierno, necesaria), ya hay cientos de muertes de civiles inocentes en todo el territorio nacional, a lo cual el presidente Calderón ha dicho que son un “daño colateral”. En este marco, el “daño colateral” se le puede aplicar al todavía rector del emblemático Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, Rafael Rangel Sostmann (Parral, Chihuahua, 1941), quien renunció luego de 25 años de estar al frente de la institución privada más emblemática del país. Justo antes de la Semana Santa (tercera semana de marzo), dos estudiantes del Itesm perdieron la vida en su campus universitario en Monterrey. La muerte tocó la puerta y le fue abierta. Arrebató dos vidas, la de dos saltillenses. Aunque uno de ellos vivía en Baja California, al final de cuentas, se avecindó de nuevo en Saltillo para siempre: aquí fue enterrado. Fuego cruzado los agarró en un tira y tira letal. Sicarios armados hasta los dientes se enfrentaron en una refriega en contra del ejército mexicano que patrulla las calles, porque los policías estatales y municipales no pueden enfrentarlos o bien, ya están en la nómina de los grupos delictivos. El problema es que a la fecha, nadie sabe cómo murieron el par de escolapios universitarios, alumnos de excelencia. Sólo días después, el 25 de marzo específicamente, el rector Rangel Sostmann exigió al Congreso mexicano y al presidente de México, FCH “regular la actuación del Ejército” (Milenio, 25 de marzo de 2010, edición nacional). En entrevista dijo: “Es muy importante la participación del Ejército, pero también tiene que haber un marco que lo regule y que en un momento dado permita un regreso correcto a los cuarteles”. El eufemístico “daño colateral” o “fuego amigo” ya está hecho. Pueden ser motivos personales, de salud o de familia; Rafael Rangel renunció… aunque aún espera en su cargo de rector, mientras se designa al sucesor.
* Jesús R. Cedillo es escritor y periodista saltillense. (
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
)
|